martes, 25 de octubre de 2011

Base lunar o fortaleza árabe del futuro: la casa de las mil y una noches de Joaquín Torres



Una elegante casa en los suburbios de Madrid conjunta cierto clasicismo con una elegancia futurista, creando un poético espacio.
En las afueras de Madrid Joaquín Torres, arquitecto de la firma A-cero, construyó una casa de 2100 metros cuadrados que por momentos parece una base lunar en pleno desierto planetario y en otros una amurallada residencia árabe (de deleites militares ocultos). El linaje morisco de España se exalta con un jardín de granadas y palmeras al interior de las rampas (medios-tubos de lujo para futuros patinadores del sol).   
Un juego de luces y sombras reviste las fuentes, entre elegantes trazos geométricos y una playa de piedras de río.
Más fotos en Contemporist

viernes, 21 de octubre de 2011

Jobs no se quiso operar


La decisión retrasó 9 meses el tratamiento de quien tanto creía en el avance de la ciencia

Día 22/10/2011
Steve Jobs, el célebre fundador de Apple, fallecido recientemente, buscó en internet tratamientos alternativos para su cáncer —desde zumos de fruta y remedios herbales a acupuntura—, antes de aceptar que se le aplicara cirugía y quimioterapia, según revela la biografía que de este gran hombre del mundo de los ordenadores, que se publicará el día 28 en España. El retraso de nueve meses en la aplicación de los avances científicos existentes sobre el cáncer de páncreas, que le fue diagnosticado en octubre de 2003, enfureció a sus amigos más próximos y a su familia, que no podían entender que alguien tan implicado en la innovación tecnológica prefiriera tratamientos exóticos.
«La gran cuestión realmente es que no estaba dispuesto a que le abrieran el cuerpo. Es algo en lo que no se puede empujar a nadie», confesó su mujer, Laurene Powell, al autor del libro, Walter Isaacson. Este mantuvo más de cuarenta entrevistas con el propio Jobs, que quiso coloborar con esta «biografía autorizada» para que sus hijos le conocieran del todo. «No siempre he estado ahí para ellos y quería que entendieran lo que he hecho y supieran por qué», llegó a explicar. La obra se publica en Estados Unidos el lunes y ayer aparecieron algunos detalles en «The New York Times» y «Huffington Post».
Después de nueve meses de llevar la enfermedad en secreto, ocultada también a la dirección de Apple, Jobs se puso plenamente en manos de los doctores. Según Isaacson, lo hizo entonces con pasión y empujando la frontera de nuevos tratamientos. Pagó 100.000 dólares para que le fueran secuenciados su ADN y los genes de su tumor cancerígeno, con el fin de que la prescripción de medicinas pudiera tener un efecto muy específico. Se convirtió en un experto de su caso y tomó la última decisión en la aplicación de cada nuevo régimen. Le comentó a Isaacson que sería «uno de los primeros en superar un cáncer como éste o uno de los últimos en morir de él».

Falta de aprecio a Obama

Otra revelación que aporta el libro es que Jobs no tenía una gran valoración del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. En un encuentro entre ambos, que el entonces consejero delegado de Apple se negaba a llevar a cabo mientras Obama no le invitara formalmente, le llegó a decir: «Vas a ser presidente de un solo mandato».
Jobs achacaba a la Administración de Obama que no diera más facilidades a las empresas. A pesar de que se había ofrecido para diseñar anuncios publicitarios para la campaña presidencial de Obama de 2008, ofrecimiento que luego reiteró para la campaña de 2012, en esos encuentros Jobs defendió valores conservadores, que no casaban del todo con la filosofía del ahora presidente del estado más poderoso del mundo. Así, se pronunció contra los sindicatos y le propuso que los directores de colegios pudieran contratar y despedir profesores en función de sus méritos.
Cuando hace unos meses su enfermedad se agravó, comenzó a decir adiós a conocidos y amigos. En ellos estuvieron Bill Gates, presidente de Microsoft, y su esposa. Aunque en ocasiones Jobs había hecho declaraciones no muy positivas sobre Gates, esta vez pasaron juntos tres horas agradables, hablando de las compensaciones de la vida familiar, de haber acertado en el matrimonio y de tener hijos.

martes, 18 de octubre de 2011

¿Qué tan severo es el impacto del consumismo en el medio ambiente?


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Los hábitos de consumo propios del "american way of life", adoptados en muchos otros países, tienen al planeta al borde del colapso ecológico.
Con la expresión american way of life se intenta caracterizar el modo de vida del estadounidense promedio y si bien, como casi cualquier concepto, resulta un tanto ficticio o ingenuo pensar que la compleja realidad puede resumirse así de fácil, podemos aceptar de inicio la existencia de ciertos elementos comunes que reflejan un cierto modelo cultural que además, en un contexto de globalización o sutil colonización, ha sido adoptado por millones de personas en muchos otros países con singular beneplácito.
Durante algún tiempo este modus vivendi se comprendió sobre todo en cuanto a sus dimensiones culturales, un amplio espectro ideológico y práctico que iba de la política al entretenimiento, de la alimentación a la religiosidad o la moral pública y, por consiguiente, sus críticos alertaban contra la homogeneización cultural que el american way of life traía consigo.
Si bien es cierto que podemos hablar de hamburguesas, películas de Hollywood, liberalismo o algún otro elemento presente en la construcción de este concepto, quizá podríamos agrupar esas pequeñas piezas en categorías más amplias y decir, por ejemplo, que uno de los elementos más importantes delamerican way of life se relaciona con los llamados “hábitos de consumo”. En efecto: si algo caracteriza a la economía estadounidense es su vertiginosa dinámica industrial basada en el consumo: nadie consume tanto en el mundo como los estadounidenses, de ahí que otros países como China o México dependan tanto de lo que puedan venderle a estos ávidos e insaciables compradores. Una economía, además, en la que desechar para volver a comprar es uno de los pasos más importantes en esta cadena aparentemente productiva en la que el dinero no puede dejar de circular.
Entonces es este modelo económico y las prácticas cotidianas que favorece (especialmente en cuanto al consumo y el desecho de lo producido) lo que está en el fondo del american way of life, lo mismo que la razón por la cual esta serie de hábitos se han propagado a otros países que guardan algún tipo de relación económica con Estados Unidos.
Sin embargo, últimamente esta euforia consumista se ha revelado como el factor principal que tiene al planeta al borde del colapso ecológico. Un informe reciente de la Global Footprint Network —organización que mide el impacto que el ser humano provoca en el medio ambiente— asegura que si todos los seres humanos viviéramos como vive el estadounidense promedio, se necesitarían cinco planetas Tierra para satisfacer nuestras necesidades de consumo, sobre todo porque la Tierra es incapaz de emparejarse en sus procesos naturales al ritmo de vida que le imponemos.
Las emisiones de dióxido de carbono, por ejemplo, superan en un 44% las emisiones que naturalmente podrían reabsorberse. Dicho de otro modo: cada año la humanidad produce tanto dióxido de carbono como la Tierra podría procesar en 18 meses. ¿Qué pasa con ese excedente de 6 meses que este “servicio ecológico” no puede admitir?
La variable base que utiliza esta organización es la “huella ecológica” [ecological footprint] que se calcula relacionado la cantidad de tierra y mar que determinada población necesita para producir los recursos que consume y también para reabsorber sus emisiones de CO2. Así, el estadounidense promedio tiene una “huella ecológica” de 9 hectáreas globales: son necesarias 9 hectáreas de tierra y mar para satisfacer sus hábitos de consumo y reabsorber las emisiones de dióxido de carbono que estos generan. En el otro extremo se encuentran los habitantes de Malawi, Haití, Nepal o Bangladesh, que requieren aproximadamente ½ hectárea global para lo mismo (aunque, sospechamos, más por pobreza y precariedad de condiciones que por otra causa).
A este respecto Nicole Freeling, vocera de la Global Footprint Network, declaró lo siguiente: “Aunque quizá las personas que viven en los niveles mínimos de subsistencia o incluso por debajo de ellos necesitarían incrementar su consumo para salir de la pobreza, la población más pudiente puede reducir su consumo y aun así mejorar su calidad de vida”.
Es cierto que es difícil encontrar el punto de equilibrio entre comodidad individual, consumo y cuidado del medio ambiente, sin embargo, tal vez sea necesario replantear algunos de nuestros hábitos cotidianos con miras a postergar o evitar completamente la catástrofe natural que parece inminente. Se dirá, quizá, que las grandes corporaciones también tienen mucha responsabilidad en este asunto, pero es un poco ingenuo esperar que de un día a otro dejen de hacer lo que tantas ganancias les sigue redituando solo porque el planeta se está yendo a pique.

lunes, 17 de octubre de 2011

Las chicas lindas también odian el actual sistema financiero (VIDEO)


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El video "Hot Chicks of Ocuppy Wall Street" demuestra que las niñas lindas también están cansadas de la mafia financiera y se expresan, explícitamente, contra el actual sistema económico.
imagen de una niña linda protestando en wall street extraida de un video
Si bien para muchos esta pudiese ser una videopieza que frivoliza una lucha en contra de la mafia financiera, lo cierto es que también puede considerarse como un aliciente para unirse o, mejor aún, como un manifiesto en torno a la belleza de la conciencia, tal como la estética sigue, en innumerables ocasiones, el pulso de la dignidad. Pero tal vez, estirando ya bastante la liga de la especulación, las bellas mujeres documentadas en este video que han estado presentes durante las protestas en Wall Street contra el actual sistema financiero, han experimentado un proceso de embellecimiento ligado a su activismo. Y en caso de ser cierta esta posibilidad, estaríamos presenciando lo opuesto a lo que sucede con muchos hombres de finanzas a quienes la avaricia, la voracidad y el intercambio cotidiano con un entorno éticamente deplorable comienza a imprimirse en su aspecto físico: su piel se torna grisácea o verdusca, sus escasas sonrisas se hacen artificiales y su mirada emite un destello pre-construido.
Luego de mirar diversas fotografías sobre la ocupación de Wall Street por miles de manifestantes, y de notar la gran cantidad de chicas lindas que estaban dejando a un lado su vida nocturna, su ritual del gimnasio o las cientos de opciones culturales que ofrece Nueva York para unirse a las protestas, Steven Greenstreet decidió montar imágenes en video documentando la presencia de estas chicas lindas que expresan una explícita desaprobación frente al actual sistema financiero, a sus vicios y a las tristes consecuencias que generan en la sociedad contemporánea.  

lunes, 10 de octubre de 2011

Top 5: libros irremediablemente perdidos que ya nunca leerás



Obras que no sobrevivieron el paso del tiempo, borradores que sus autores destruyeron, manuscritos de los que nadie guardó una copia, libros que quizá alguien esté leyendo en una realidad paralela donde sí existen.
Si es cierto, como algunos escritores aseguran, que la literatura exige disciplina y un nivel mínimo de claridad mental para saber discernir qué se quiere hacer y qué no con el lenguaje, es innegable que en la historia de los libros la casualidad y la fortuna, el equívoco y la circunstancia imprevista, también cumplen una función que nadie planeó al momento de determinar la forma en que cierta obra o autor son recibidos por sus contemporáneos o por sus lectores póstumos.
Este es el caso de los libros que resultaron extraviados en el curso de la historia, obras destruidas por sus propios autores o por otros personajes a quienes se les entregó con la esperanza de que las editaran, manuscritos que no sobrevivieron hasta la invención de formatos más apropiados para la conservación, naufragios que nos invitan a imaginar el posible esplendor de lo perdido.
A continuación enlistamos 5 libros irremediablemente perdidos que quizá, como en El nombre de la rosa, tuvieron dicho destino porque algo o alguien determinó que solo así este seguiría siendo “el mejor de los mundos posibles”.

  • 1. Los libros perdidos de la Biblia
La Biblia, en su forma actual, no es más que el convenio canónico acordado entre la jerarquía eclesiástica, en el caso del cristianismo durante el Concilio de Trento (1545–63). Sin embargo, a estos textos “auténticos” se oponen los llamados “apócrifos”, algunos de los cuales fueron rescatados e incluso en nuestros días es posible leerlos.
Pero otros muchos no corrieron la misma suerte. Se conoce solo por alusión indirecta una veintena de libros irremediablemente perdidos, algunos con sugerentes títulos como “El libro de las batallas de Yahvé”.
  • 2. El ignorado encuentro entre Cervantes y Shakespeare
Sin duda en esta lista no podría faltar el nombre de William Shakespeare, el poeta en torno al cual llevan siglos cerniéndose un enigma sobre otro, sin nunca quedar resueltos. En este caso se trata de una obra supuestamente escrita entre el bardo y John Fletcher y que estuvo basada en la tragedia de Cardenio que Cervantes cuenta al interior del Quijote. Si ya el nombre de Shakespeare impone un aura de codicia al objeto perdido, esta pieza es todavía más sugerente por el hecho de que ahí se encontraron literariamente dos de los escritores más geniales de todos los tiempos.

  • 3. Un cartógrafo y viajero antes de Mercator
Mercator tiene fama de haber trazado uno de los primeros mapas con proyección innovadora que permitió a los viajeros, especialmente a los navegantes, alcanzar sus metas con mayor precisión. Sin embargo, antes de este cartógrafo flamenco se dice que vivió un monje que recorrió el océano Atlántico hasta alcanzar el Polo Norte, describiendo con inusitada precisión la geografía ártica en una obra que tituló Inventio Fortunata, algo que podría traducirse como El descubrimiento de las Islas de la Fortuna y que quizá hace referencia a esa tradición mitológica que situaba en las regiones más septentrionales los reinos bienaventurados (de ahí, por ejemplo, los Hiperbóreos).
Un poco por la precariedad de los recursos empleados en la confección de libros en aquella época (siglo XIV), ninguna de las cinco copias que se hicieron del tratado sobrevivió, ni siquiera aquella que el propio monje entregó al rey Eduardo III de Inglaterra.
Más tarde, un cofrade del autor platicó el contenido de la obra a otro flamenco, un tal Jacob Cnoyen, quien redactó lo escuchado y lo publicó como obra suya con el título de Itinerarium, mismo que también se perdió, aunque no sin antes llegar a las manos de Mercator, quien obtuvo de ese segundo traslado la pieza ártica con la que completó su mapa mundial.

  • 4. El borrador de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde
 Uno de los episodios más emblemáticos de la literatura moderna, la disociación entre el ser humano y la parte absolutamente malvada que habita en cualquiera de nosotros, conoció una protoversión que sin embargo no fue la que Stevenson dio a la imprenta. Según se cuenta, el novelista inglés fue presa de un frenesí literario que lo llevó a escribir cerca de 30,000 palabras en tan solo tres días. Por esta delirante prisa Stevenson y su relato están incluidos en la lista de los libros escritos con la asistencia de alguna droga, la cocaína para ser más precisos, que según se dice impulsó al escritor a entrar en ese trance cruzado de letras, horror, fantasía y claridad psíquica.
Pero dicha versión no es la que conocemos actualmente, ya que Stevenson la entregó a su esposa, Fanny, para que le diera su visto bueno. Parecer ser que la mujer no se sintió demasiado convencida y sugirió a su marido que diera un tinte más moral a la historia. Este juicio bastó para que Robert Louis entregara su borrador a las llamas de la chimenea, privándonos de un posible testimonio de escritura frenética protagonizada por inefables demonios.

  • 5. La invaluable maleta de Ernest Hemingway
La incursión de Hemingway en algunos de los conflictos armados más cruciales del siglo XX es bien conocida. Se sabe que en la Primera guerra mundial sirvió como conductor de ambulancia en el frente italiano, que presenció algunos de los episodios más cruentos de la Guerra civil española y que incluso tuvo alguna participación en los últimos días de la Segunda guerra mundial y, por si esto fuera poco, que en medio de todo aquel caos se dio tiempo y oportunidad para escribir las narraciones que harían de él uno de los nombres más celebrados de la literatura.
Sin embargo, ese Hemingway que leemos y elogiamos quizá sería muy distinto si en 1922 su esposa, Hadley, no hubiera metido en una maleta cientos de manuscritos con los cuentos, fragmentos de novela y otros apuntes que entonces había escrito Ernest. Hadley, que se encontraba en París, había empacado todo esto porque se reuniría con su esposo en Lausanne, Suiza, adonde llegaría sin la preciosa maleta, perdida o robada en la ruta ferroviaria que unía ambas localidades.
Hemingway sintió tanto la catástrofe que, a la postre, se convertiría en la causa de su divorcio con Hadley (por este caso y el anterior de Stevenson sería interesante conocer la influencia secreta que las parejas de los escritores tienen en la obra de estos).
Con todo, Stuart Kelly, autor de The Book of Lost Books, conjetura que sin esta pérdida quizá Hemingway no se hubiera convertido en ese gran escritor que llegó a ganar premios tan importantes como el Pulitzer y el Nobel, que acaso no hubiera dejado de ser el escritor mediocre que se limita a corregir sus torpes intentos de juventud.

domingo, 9 de octubre de 2011

De lo chic a lo kitsch y de ahí a la confusión: hackeando a los grandes diseñadores (FOTOS)


¿Qué pasa cuando el buen y el mal gusto se confunden en la falsificación de la alta costura? Luis Gispert documenta con sus fotografías la “bastardización” de las grandes firmas en manos de riquezas de dudoso origen.
La falsificación es una práctica que trasciende por mucho las definiciones legales o sociales que la hacen ver como un delito o una falta ética. Detrás de la falsificación existe una compleja red de conceptos y posturas ideológicas que tienen su razón de ser en al menos una situación efectiva: quien falsifica un producto, obedeciendo a la demanda del mercado, resuelve la contradicción interna de alguien que desea tener algo que sin embargo no puede conseguir, casi siempre porque no puede pagar por ello.
Este es el caso de la ropa y otros accesorios personales que comúnmente se falsifican y se ponen a disposición de las miles de millones de personas que quieren vestir como las celebridades que ven en las revistas y la televisión, que desean presumir un bolso de diseñador o un reloj de marca prestigiosa, pero cuyo apretado presupuesto no alcanza para costear alguna de estas mercancías. Pero ahí está la falsificación para saciar esa necesidad (¿auténtica o también falsificada?). Gracias a quienes copian y replican los diseños de las grandes firmas, es posible tener no uno, sino varios bolsos o relojes o trajes enteros de marcas reconocibles.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando esta tendencia se lleva hasta la exageración y comienza a saturarse la existencia de personas comunes y corrientes por la falsa opulencia de productos pretendidamente originales? Es difícil decirlo, pero pareciera que el valor de estas mercancías se trastoca e inicia una transformación hacia lo desconocido. A medio camino entre la sobriedad del “buen gusto” y la desproporción del “mal gusto”, se crea un estado intermedio en el que los conceptos se confunden y ya no es posible distinguir al rico del pobre, al original del falso, a la mercancía del comprador.
Las fotografías que acompañan esta nota son obra del artista estadounidense Luis Gispert, quien comenzó la serie hace un par de años, cuando la policía de Nueva York desarmó una red de falsificadores asentados en la ciudad. Del material incautado hubo una pieza que llamó poderosamente la atención de Gispert: un Cadillac Escalade completamente tapizado con una tela cuyo diseño imitaba uno ideado entre Takashi Murakami y Louis Vuitton en 2009. Gispert, que entonces se encontraba fotografiando interiores de autos por otro proyecto, inmediatamente pensó que habría otros objetos similares, falsificaciones de diseñadores famosos utilizadas en contextos totalmente diferentes a los de su intención original pero igual de desmedidos.
Su “búsqueda obsesiva” no resultó para nada infructuosa. De hecho las imágenes conseguidas sorprenden por su extravagante y de algún modo indescifrable opulencia. Una cultura subterránea en la que el dinero intenta adquirir esa aura de prestigio que, según pensamos, acompaña a los productos de precios exorbitantes.
Esta “ansiedad de clase”, como la llama Gispert, empuja a ciertas personas a identificarse desesperadamente con una marca, en el supuesto de que “las marcas de diseñador denotan riqueza y una cierta clase a la que esta gente quisiera pertenecer”.
Sin embargo, el artista es capaz de ver más allá de los prejuicios de clase y encontrar otro significado en estas prácticas. Ligándola al asunto de la falsificación, Gispert nota que no se trata de una conducta tan simple como las explicaciones consabidas podrían hacerla ver. “Estas personas se apropian del material, de los logos y los tejidos, pero no intentan imitar la alta costura. En cierto sentido secuestran los signos de la opulencia, bastardizan las marcas y las convierten en algo completamente único”, dice el fotógrafo; y concluye: “Parece que es uno de esos momentos en que lo alto y lo bajo se encuentran en lo medio”.
Curiosamente Gispert tituló este proyecto Decepción (en español), un vocablo que en todos los posibles casos en que se aplique conlleva una sensación de vacío, de desproporción entre el deseo y la realidad, entre la falsa idea que nos hacemos de algo o alguien y la constatación de sus verdaderas propiedades.
Decepción se exhibe hasta el 22 de octubre en la Galería Mary Boone de Nueva York, 745 de la Quinta Avenida.